Que las residencias de la tercera edad son un negocio es algo indiscutible. Que una cosa es la fachada y otra el día a día de quienes viven dentro, también. Que las autoridades sanitarias se desentienden del trato que reciben los ancianos, desbordadas por otras prioridades, es algo que no se debería tolerar por mucho más tiempo. En Alemania ayer se puso en marcha
En principio se trata de poner en marcha un sistema de visitas no anunciadas a estos centros para revisar y valorar cuatro apartados concretos: cuidado y atención médica, tratamiento de los ancianos con demencia, apoyo social y desarrollo de la convivencia cotidiana y condiciones de higiene, comida y habitabilidad. Se pondrá a cada una de las diez mil residencias autorizadas en este país una nota del uno al cinco, y esas notas se colgarán en Internet de manera que cada familia interesada se pueda hacer una idea del ranking de las residencias mejores. En qué medida esas visitas sorpresa lo vayan a ser de verdad y cuánto de puntillosos sean los inspectores se constatará en las próximas semanas y meses, y no se puede descartar que surja también una cierta picaresca al respecto.

¿A quién le importa el bienestar de los abuelos?
Los expertos consultados advierten que ese sistema de ITV´s no va a redundar en que los centros mejoren su calidad de manera voluntaria: se prepararán, en todo caso, para aprobar el examen, la visita de los inspectores, y después podrán hacer lo que les venga en gana. Obtenido el certificado de calidad, seguirá el negocio en el que, a veces, lo que menos importará será la calidad de vida del anciano.
No es sencillo -emocionalmente hablando- mandar a un padre o a una madre a un centro de la tercera edad. Y a menudo se hace con muy mala conciencia. La cosa se agrava si en las visitas se detecta que la calidad deja de desear, a pesar del dinero que cuestan. La tendencia, aquí en Alemania, y creo que en la mayoría de los países europeos, es que los mayores se queden en sus domicilios el mayor tiempo posible. Pero,además, aquí en
Sea cual sea la fórmula elegida, lo que está claro es que nos encaminamos a una sociedad en la que los seniors -y no precisamente los que aparecen en los anuncios- van a ser una minoría muy notable. Según los demógrafos alemanes, ahora hay 2,3 millones de ancianos en
Fuente: elconfidencial.com